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Ann Germain en la peluquería

Hace una semanas aparecía reflejado en varios medios de comunicación el presunto fraude en que incurría la espiritista Ann Germain en el programa Más Allá de la Vida, tras las revelaciones de un extrabajador del programa que afirmaba que el equipo del programa realizaba un dossier del famoso en cuestión para poder así contar con detalles que pudieran dar más realismo al espectáculo.

Ann Germain en la peluquería

(Tiempo estimado: 2 - 3 minutos)

Hace una semanas aparecía reflejado en varios medios de comunicación el presunto fraude en que incurría la espiritista Ann Germain en el programa Más Allá de la Vida, tras las revelaciones de un extrabajador del programa que afirmaba que el equipo del programa realizaba un dossier del famoso en cuestión  para poder así contar con detalles que pudieran dar más realismo al espectáculo.
En una de las muchas tardes de café que hago con mi abuela, ésta me contó una anécdota personal que iba directamente relacionada con el tema, y que era más o menos así.
Mi abuela estuvo trabajando en una peluquería propiedad suya durante más de veinte años. Las peluquerías siempre han sido un espacio social propicio para divulgar cotilleos y intimidades propios y ajenos, y donde se podían saber muchas cosas de los convecinos. El caso es que a la peluquería de mi abuela acudía una señora que llamaremos Vicenta, y que solía explicar al resto de trabajadoras los múltiples problemas que tenía que afrontar en su vida. A la peluquería también acudía otra señora que llamaremos Conchita, que acudía con bastante frecuencia a arreglarse el pelo. Lo curioso de Conchita es que parecía saber mucho sobre Vicenta, y claro, eso daba pie a que las trabajadoras de la peluquería le contaran a Conchita las cosas que Vicenta les explicaba, ya que parecía estar muy enterada del tema.
Al cabo de un tiempo, mi abuela se enteraría de la razón por la que Conchita sabía tanto de Vicenta
: resultaba que era vidente y le tiraba las cartas a Vicenta. En realidad el motivo principal por el que iba a la peluquería no era arreglarse el pelo sino obtener información relevante de clientas suyas para así poder dar credibilidad a sus visiones del más allá. Tras haberse enterado de los oscuros motivos de Conchita, ni mi abuela ni las peluqueras volvieron a soltarle prenda sobre Vicenta, aunque ignoro si el negocio de ésta se fue a pique ¿quizá buscaría información en el mercado del barrio?
Si comparamos la noticia con la anécdota que me explicaba mi abuela, que sucedió hará cerca de 40 años, vemos que los mecanismos para engañar a la gente con estas patrañas no han cambiado demasiado. Sin embargo, antes por lo menos podía tener algo de mérito por el esfuerzo que implicaba obtener información relevante de los clientes. En cambio ahora, en plena era de la información, donde una gran parte de nuestra vida está publicada en la red, se hace más fácil construir un engaño con una buena dosis de realismo. Pero para hacerlo todavía menos meritorio, los personajes que la señora Ann Germain entrevista encima son famosos por norma general relacionados con la prensa rosa, por lo que obtener detalles relevantes de su vida íntima es un juego de niños.
¿Hacía falta el testimonio de este trabajador del programa para saber que se trata de un burdo engaño? Será que nací siendo escéptico, pero creo que no era necesario para darnos cuenta del calibre del teatrillo de Telecinco.

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